Canción de la muerte
1837
Débil mortal no te asustemi oscuridad ni mi nombre;en mi seno encuentra el hombreun término a su pesar.Yo, compasiva, te ofrezcolejos del mundo un asilo,donde a mi sombra tranquilopara siempre duerma en paz.
Isla yo soy del reposoen medio el mar de la vida,y el marinero allí olvidala tormenta que pasó;allí convidan al sueñoaguas puras sin murmullo,allí se duerme al arrullode una brisa sin rumor.
Soy melancólico sauceque su ramaje dolienteinclina sobre la frenteque arrugara el padecer,y aduerme al hombre, y sus sienescon fresco jugo rocíamientras el ala sombríabate el olvido sobre él.
Soy la virgen misteriosade los últimos amores,y ofrezco un lecho de flores,sin espina ni dolor,y amante doy mi cariñosin vanidad ni falsía;no doy placer ni alegría,más es eterno mi amor.
En mi la ciencia enmudece,en mi concluye la duday árida, clara, desnuda,enseño yo la verdad;y de la vida y la muerteal sabio muestro el arcanocuando al fin abre mi manola puerta a la eternidad.
Ven y tu ardiente cabezaentre mis manos reposa;tu sueño, madre amorosa;eterno regalaré;ven y yace para siempreen blanca cama mullida,donde el silencio convidaal reposo y al no ser.
Deja que inquieten al hombreque loco al mundo se lanza;mentiras de la esperanza,recuerdos del bien que huyó;mentiras son sus amores,mentiras son sus victorias,y son mentiras sus glorias,y mentira su ilusión.
Cierre mi mano piadosatus ojos al blanco sueño,y empape suave beleñotus lágrimas de dolor.Yo calmaré tu quebrantoy tus dolientes gemidos,apagando los latidosde tu herido corazón.