A la estrella de Venus
1825
Estrella de la tarde silenciosa,Luz apacible y puraDe esperanza y amor, salud te digo.En el mar de occidente ya reposaLa vasta frente el sol, y tú en la alturaDel firmamento solitaria reinas.Ya la noche sombríaQuiere tender su diamantado velo,Y con pálidas tintas baña el sueloLa blanda luz del moribundo día.¡Hora feliz y plácida cuál bella!Tú la presides, vespertina estrella.Yo te amo, astro de paz. Siempre tu aspectoEn la callada soledad me inspiraDe virtud y de amor meditaciones.¡Qué delicioso afectoExcita en los sensibles corazonesLa dulce y melancólica memoriaDe su perdido bien y de su gloria!Tú me la inspiras. ¡Cuántas, cuántas horasViste brillar serenasSobre mi faz en Cuba!... Al asomarseTu disco puro y tímido en el cielo,Á mi tierno delirio daba riendaEn el centro del bosque embalsamado,Y por tu tibio resplandor guiadoBuscaba en él mi solitaria senda.Bajo la copa de la palma amiga,Trémula, bella en su temor, veladaCon el mágico manto del misterio,De mi alma la señora me aguardaba.En sus ojos afables me reíaIngenuidad y amor: yo la estrechabaÁ mi pecho encendido,Y mi rostro feliz al suyo unido,Su balsámico aliento respiraba.¡Oh goces fugitivosDe placer inefable! ¡Quién pudieraDel tiempo detener la rueda fieraSobre tales instantes!...Yo la admiraba estático: á mi oídoMuy más dulce que música sonabaEl eco de su voz, y su sonrisaPara mi alma era luz. ¡Horas serenasCuya memoria caraÁ mitigar bastaraDe una existencia de dolor las penas!¡Estrella de la tarde! ¡cuántas vecesJunto á mi dulce amiga me mirabasSaludar tu venida, contemplarte,Y recibir en tu amorosa lumbrePaz y serenidad!...Paz y serenidad!...Ahora me mirasAmar también, y amar desesperado.Huír me ves al objeto desdichadoDe una estéril pasión, que es mi tormentoCon su belleza misma;Y al renunciar su amor, mi alma se abismaEn el solo y eterno pensamientoDe amarla, y de llorar la suerte impíaQue por siempre separaSu alma del alma mía.