Académica
Versos libres, 1882
Ven, mi caballo, a que te encinche: quierenQue no con garbo natural el cosoAl sabio impulso corras de la vida,Sino que el paso de la pista aprendas,Y la lengua del látigo, y sumisoDes a la silla el arrogante lomo:—Ven, mi caballo: dicen que en el pechoLo que es cierto, no es cierto: que las estrofasIgneas que en lo hondo de las almas nacen,Como penacho de fontana puraQue el blando manto de la tierra rompeY en gotas mil arreboladas cuelga,No han de cantarse, no, sino las pautasQue en moldecillo azucarado y huecoEncasacados dómines dibujan:Y gritan "¡Al bribón!"—¡cuando a las puertasDel templo augusto un hombre libre asoma!—Ven, mi caballo, con tu casco limpioA yerba nueva y flor de llano oliente,Cinchas estruja, lanza sobre un troncoSeco y piadoso, donde el sol la avive.Del repintado dómine la chupa,De hojas de antaño y de romanas rosasOrlada, y deslucidas joyas griegas,—Y al sol del alba en que la tierra rompeEcha arrogante por el orbe nuevo.