Hervor de espíritu

Flores del destierro, 1885

¡Cielo, mi amor!—en vano sobre el libroLa vista fijo y la atención reclamo:Tu luz enciendo, con tus rayos vibro,¡Y expulsado de ti, perdón te clamo!Si te merezco ¡oh padre! si te adoro¿Qué delito filial he cometido?¡Puesto que llanto sobrehumano lloroDelito alguno sobrehumano ha sido!En vano apago el férvido gemido;La voladora ideaLa frente en vano hacia la tierra inclina:La sien desenfrenada me golpea, —¡El cerebro revuelto se iluminaY el ojo enardecido centellea!Cierto corcel intrépido y fogosoDe raudo giro irregular y eternoRebelde, piafa, rápido circula,Detiénese, se lanzaDel cráneo en torno en veloz carrera,¡Y de polvo divinoLlena, y de nube, la revuelta esfera!La ciencia, el cerco, el mísero detalle,El número, la clase, la doctrina;¡Y bullendo en el mar de mi cerebroLa impaciencia y la cólera divina!Sentir que sobre el monteSol fuera, luminar del horizonte,Y frente a una ventana,Doble prisión sobre la interna mía¡Plegar al libro el alma sobrehumanaY el alma ardiente a la cadena fría!Así, encerrada un águilaEn un místico cuerpo de palomaLa garra ruda ciega moveríaY en el círculo estrecho,Del golpe propio desgarrado el pechoCon el ala enclavada moriría.

From «Flores del destierro» (1885, posthumous). Text collated against the Obras Completas (CLACSO), Poesía I.

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