Medianoche

Versos libres, 1882

¡Oh, qué vergüenza! El Sol ha iluminadoLa Tierra; el amplio mar en sus entrañasNuevas columnas a sus naves rojasHa levantado; el monte, granos nuevosJuntó en el curso del solemne díaA sus jaspes y breñas; en el vientreDe las aves y bestias nuevos hijosVida, que es forma, cobran; en las ramasLas frutas de los árboles maduran;¡Y yo, mozo de gleba, he puesto sólo.Mientras que el mundo gigantesco crece,Mi jornal en las ollas de la casa!

¡Por Dios, que soy un vil! ¡No en vano el sueñoA mis pálidos ojos es negado!¡No en vano por las calles titubeoEbrio de un vino amargo, cual quien buscaFosa ignorada donde hundirse, y nadieSu crimen grande y su ignominia sepa!¡No en vano el corazón me tiembla ansiosoComo el pecho sin calma de un malvado!

¡El cielo, el cielo, con sus ojos de oroMe mira, y ve mi cobardía, y lanzaMi cuerpo fugitivo por la sombraComo quien loco y desolado huyeDe un vigilante que en sí mismo lleva!¡La Tierra es soledad! ¡La luz se enfría!¿Adónde iré que este volcán se apague?¿Adónde iré que el vigilante duerma?

¡Oh, sed de amor! Oh, corazón prendadoDe cuanto vivo el Universo habita:Del gusanillo verde en que se truecaLa hoja del árbol; del rizado jaspeEn que las ondas de la mar se cuajan;De los árboles presos, que a los ojosMe sacan siempre lágrimas; del lindoBribón gentil que con los pies desnudosEn fango y nieve, diario o flor pregona.

¡Oh, corazón, que en el carnal vestidoNo hierros de hacer oro, ni belfudosLabios glotones y sensuosos mira,Sino corazas de batalla; y hornosDonde la vida universal fermenta!

¡Y yo, pobre de mí!, ¡preso en mi jaula,La gran batalla de los hombres miro!

From «Versos libres» (1882). Text collated against the Obras Completas (CLACSO), Poesía I.

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