Mujeres
Versos libres, 1882
I
Esta, es rubia; ésa, oscura; aquélla, extrañaMujer de ojos de mar y cejas negras;Y una cual palma egipcia, alta y solemne,Y otra como un canario gorjeadora.Pasan y muerden; los cabellos luengosEchan, como una red; como un jugueteLa lánguida beldad ponen al labioCasto y febril del amador que a un temploCon menos devoción que al cuerpo llegaDe la mujer amada; ella, sin velosYace, ¡y a su merced!, él, casto y mudo,En la inflamada sombra alza dichosoComo un manto imperial de luz de aurora.Cual un pájaro loco en tanto ausenteEn frágil rama y en menudas flores,De la mujer el alma travesea.Noble furor enciende al sacerdote,Y a la insensata, contra el ara augustaComo una copa de cristal rompiera.Pájaros, sólo pájaros: el almaSu ardiente amor reserva al universo.
II
Vino hirviente es amor: del vaso afuera,Echa, brillando al sol, la alegre espuma,Y en sus claras burbujas, desmayadosCuerpos, rizosos niños, cenadoresFragantes y amistosas alamedasY juguetones ciervos se retratan.De joyas, de esmeraldas, de rubíes,De ónices y turquesas y del duroDiamante, al fuego eterno derretidos,Se hace el vino satánico. MañanaEl vaso sin ventura que lo tuvo,Cual comido de hienas, y espantosaLava mordente, se verá quemado.
III
Bien duerma, bien despierte, bien recline,—Aunque no lo reclino—bien de hinojos,Ante un niño que juega el cuerpo doble,Que no se dobla a viles ni a tiranos,Siento que siempre estoy en pie. Si suelo,Cual del niño en los rizos suele el aireBenigno, en los piadosos labios tristesDejar que vuele una sonrisa, es ciertoQue así, sépalo el mozo, así sonríenCuantos nobles y crédulos buscaronEl sol eterno en la belleza humana.Sólo hay un vaso que la sed apagueDe hermosura y amor: NaturalezaAbrazos deleitosos, híbleos besosA sus amantes pródiga regala.
IV
Para que el hombre los tallara, pusoEl monte y el volcán Naturaleza;El mar, para que el hombre ver pudieseQue era menor que su cerebro; en hornoIgual, sol, aire y hombres elabora.Porque los dome, el pecho al hombre inundaCon pardos brutos y con torvas fieras.¡Y el hombre no alza el monte; no en el libreAire ni en sol magnífico se trueca,Y en sus manos sin honra, a las sensualesBestias del pecho el corazón ofrece!A los pies de la esclava vencedoraEl hombre yace deshonrado, muerto.