¡Vivir en sí, qué espanto!

Flores del destierro, 1885

¡Vivir en sí, qué espanto!Salir de sí deseaEl hombre, que en su seno no halla modoDe reposar, de renovar su vida,En roerse a sí propia entretenida. —La soledad ¡qué yugo!Del aire viene al árbol alto el jugo: —De la vasta, jovial naturalezaAl cuerpo viene el ágil movimientoY al alma la anhelada fortaleza. —¡Cambio es la vida! Vierten los humanosDe sí el fecundo amor: y luego vierteLa vida universal entre sus manosModo y poder de dominar la Muerte.Como locos corcelesEn el cerebro del poeta vaganEntre muertos y pálidos laureles,Ansias de amor que su alma recia estraganDe anhelo audaz de redimir repletoBuscar en el aire bueno a su ansia objetoY vive el triste, pálido y sombrío,Como gigante fieroA un negro poste atado,Con la ración mezquina de un jilgueroPor mano de un verdugo alimentado.¡Fauce hambrienta y voraz, un alma amante!Y aquí, enredado entre sus hierros, ruedaY el polvo muerde, el aire tasca y quedaAtado al poste el mísero gigante.

From «Flores del destierro» (1885, posthumous). Text collated against the Obras Completas (CLACSO), Poesía I.

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