Yo sacaré lo que en el pecho tengo

Versos libres, 1882

Yo sacaré lo que en el pecho tengoDe cólera y de horror. De cada vivoHuyo, azorado, como de un leproso.Ando en el buque de la vida: sufroDe náuseas y mal de mar: un ansia odiosaMe angustia las entrañas: ¡quién pudieraEn un solo vaivén dejar la vida!No esta canción desoladora escriboEn hora de dolor:

¡Jamás se escribaEn hora de dolor! el mundo entoncesComo un gigante a hormiga pretenciosaUnce al poeta destemplado: escriboLuego de hablar con un amigo viejo,Limpio goce que el alma fortifica:—¡Mas, cual las cubas de madera noble,La madre del dolor guardo en mis huesos!¡Ay! ¡mi dolor, como un cadáver, surgeA la orilla, no bien el mar serena!Ni un poro sin herida: entre la uñaY la yema, estiletes me han clavadoQue me llegan al pie; se me han comidoFríamente el corazón: y en este juegoEnorme de la vida, cupo en suerteNutrirse de mi sangre a una lechuza.¡Así hueco y roído, al viento flotoAlzando el puño y maldiciendo a voces,En mis propias entrañas encerrado!

No es que mujer me engañe, o que fortunaMe esquive su favor, o que el magnateQue no gusta de pulcros, me querelle:Es ¿quién quiere mi vida? es que a los hombresPalpo, y conozco, y los encuentro malos.—Pero si pasa un niño cuando lloroLe acaricio el cabello, y lo despidoComo el naviero que a la mar arrojaCon bandera de gala un barco blanco.

Y si decís de mí blasfemia, os digoQue el blasfemo sois vos: ¿a qué me dieronPara vivir en un tigral, sedosaAla, y no garra aguda? ¿o por acasoEs ley que el tigre de alas se alimente?Bien puede ser: ¡de alas de luz repleto,Daráse al fin de un tigre luminoso,Radiante como el Sol, la maravilla!—¡Apresure el tigral el diente duro!¡Nútrase en mí: coma de mí: en mis hombrosClave los grifos bien: móndeme el cráneo,Y, con dolor, a su mordida en tierraCaigan deshechas mis ardientes alas!¡Feliz aquel que en bien del hombre muere!¡Bésale el perro al matador la mano!

¡Como un padre a sus hijas, cuando pasaUn galán pudridor, yo mis ideasDe donde pasa el hombre, por quien muero,Guardo, como un delito, al pecho helado!Conozco el hombre, y lo he encontrado malo.¡Así, para nutrir el fuego eternoPerecen en la hoguera los mejores!¡Los menos por los más! ¡los crucifixosPor los crucificantes! En maderosClavaron a Jesús: sobre sí mismosLos hombres de estos tiempos van clavados.Los sabios de Chichén, la tierra claraDonde el aroma y el maguey se crían,Con altos ritos y canciones bellasAl hondo de cisternas olorosasA sus vírgenes lindas despeñaban,A su virgen mejor precipitaban.Del temido brocal se alzaba luegoA perfumar el Yucatán floridoComo en talle negruzco rosa suaveUn humo de magníficos olores:—Tal a la vida echa el Creador los buenos:A perfumar: a equilibrar: ¡ea! claveEl tigre bien sus garras en mis hombros:Los viles a nutrirse: los honradosA que se nutran los demás en ellos.

Para el misterio de la Cruz, no a un viejoPergamino teológico se baje:Bájese al corazón de un virtuoso.Padece mucho un cirio que ilumina:¡Sonríe, como virgen que se muere,La flor cuando la siegan de su tallo!¡Duele mucho en la tierra un alma buena!De día, luce brava: por la nocheSe echa a llorar sobre sus propios brazos:Luego que ve en el aire la auroraSu horrenda lividez, por no dar miedoA la gente, con sangre de sus mismasHeridas, tiñe el miserable rostro,¡Y emprende a andar, como una calaveraCubierta, por piedad, de hojas de rosa!

From «Versos libres» (1882). Text collated against the Obras Completas (CLACSO), Poesía I.

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