Las fuentes del Prado
1852
Las artes de la Grecia principales,de la Iberia ennoblecenla esclarecida Corte, y engrandecenlas memorias realesde sus ínclitos Reyes, que la Españaque envidiar nada tiene a gente extraña.
¡Qué perspectiva sorprendente y grataa la vista presentala autoridad augusta, con que ostentaen las linfas de platasu temido poder como ningunolos mares enfrenando el gran Neptuno!
Sobre ligero carro suspendidoen el mar anchurosodomina de su reino ya el reposo,ya el movimiento unido,y las azules ondas transparentesbajo sus pies se paran reverentes.
Dos terribles caballos escamososllevan su fuerte carro,que haciendo gala de su ardor bizarro,le arrebatan briosos,provocando los astros de la esferaen su veloz y rápida carrera.
Tres delfines que giran adelanteun alto caño tiranque un arco cristalino a hacer aspiran.El otro, más pujante,cruza por medio dellos y deshaceen muy menudas gotas el enlace.
Un gran pilón de tierra trabajadorecoge entre su senolas linphas juguetonas que de llenocaen a su centro amado,formando un fuerte y armonioso ruidopor cada clara gota repetido.
¿Y qué imaginación ya no se elevaal contemplar ufanala peregrina acción de Dios? ¿Qué sanamente hay, si allí no pruebala grande admiración que en sí contieney la grande obra el corazón no llene?
Parece desafía con sus ojoslos leones valientesque no le atemorizan, no, rugientes,sino que sus despojosmira, adornan su carro y le engrandeceny ellos mismos entonces se envilecen.
Parece que a los vientos voladoresamenaza tremendo,y el eco de mil voces repitiendollamándoles traidores,les prohíbe en su reino la amplia entradasin tener antes él licencia dada.
En frente de Neptuno, otra altaneray no menos hermosaostenta su poder la bella esposade Saturno; ligeradisputa con el dios la gallardíay a su competidor vencer quería.
Va en un carro tirada de leones,de torres coronada,en su pulida diestra una argentadallave, y unos cordonesen la siniestra de las riendas tienecon que el ardor del animal contiene.
Llena de majestad y poderío,parece que al potentedios de las aguas y del gran tridentele provoca con bríoy le dice burlando: «Ostenta, ostentaen vano tu poder y el agua sienta.
Cuando yo en mi servicio, la ancha tierramuevo en imperio blando:sigue, sigue feroz siempre templandode tu reino la guerra,mientras yo con pacífico semblanterijo el reino de Júpiter tonante.»
Mil otras fuentes alabar pudierasi el tiempo y los momentosa que me he limitado, mis acentosasí no detuvierapara alabar en cánticos de gloriade la Corte de España la memoria.