Roma y Cristo
1877
Roma, hija de una loba y dos ladrones,fué realista, imperial, republicana:y ladrona sin fe, siempre villana,medró saqueando a las demás naciones.
Mujeres, leyes, traje, instituciones,ciencia, arte, religión y hasta agua sanay pan, todo, soberbia y holgazana,fué rapaz a robarlo a otras regiones.
Audaz, desvergonzada, descreída,abrió a todos los dioses su recintoy alzó hasta la deidad desconocida
templo y altar; y en este laberinto,vivió avizor por conservar por vidael cetro en mano y el puñal al cinto.
Roma, cuyos excesos colosalesde grandeza e infamia, de heroísmoy vileza, de orgullo y de cinismo,su gloria y su baldón hacen iguales,
prostituyó en las fiestas lupercalesla honra de sus matronas, con el mismodesdén bufón y abyecto servilismocon que adoró sus monstruos imperiales.
Dueña del universo, henchida de oro,servida por el orbe a su deseo,de orgullo se embriagó tan sin decoro,
que, ignuda meretriz, infame empleode su beldad haciendo y su tesoro,ebria cayó al umbral del .
Comenzaron entonces el oídoa halagar y a sonar en la concienciafrases de aun ignorada procedencia,de grato son y místico sentido.
«Fraternidad universal, olvidode las injurias, paz, fe, penitencia,caridad…», frases mil de nueva cienciaque aún no habían los hombres aprendido.
De paz universal serenos díascorrían, y en la atmósfera serenavagaban misteriosas profecías:
era que ya la tierra estaba llenade auras de redención; era el Mesíasque empezaba a esparcir su nueva buena.
Sintiéronse en el aire nuevos ruidosque, nuevas, le traían auras suaves,como en nuevo vergel las nuevas avespiar se sienten al hacer sus nidos.
Ecos de himnos de paz jamás oídos,jubilosos y tiernos cuanto suaves,de los paganos templos en las navesiban a resonar como gemidos.
En su torpe embriaguez los sintió Roma:la loba despertó, y ansiosamentedel aura nueva olfateó el aroma;
y aunque no leve aún y aún no le siente,al nuevo sol que por Oriente asoma,venteó al león, del aire en la corriente.
Mas el león a quien sin ver husmeaba,bajo el vellón de cándido corderobalaba apenas al confín postrerode una provincia en su poder esclava.
Tornó a husmear y a acechar la bestia brava,y aun sintiendo en su mano el mundo entero,volviendo en sí de su terror primerovolvió a la Saturnal en que reinaba.
Y ebria con la grandeza florecientede apoteosis, triunfos y ovacionesde olímpico esplendor, volvió indolente
a alojar en palacios sus legionesy su plebe a bañar públicamentede alabastro y de pórfido en tazones.
Solo, de caridad y fe provisto,y en la fe y la humildad su fe basando,tomó unos pescadores a su mandopara innovar el mundo, Jesucristo.
Divino SER, con el humano mixto,indulgente, social, sencillo y blando,cumplía los preceptos que iba dando;ejemplo hasta sus días nunca visto.
Su ley unió con fraternales lazosla humanidad: rasgó la ley judíae hizo los falsos ídolos pedazos;
y al alzarle en la cruz Salem impía,a la raza de Adán tomando en brazos,dijo: «Te he redimido, ya eres mía.»
Cursado sin haber libros ni escuelas,de Nazareth en sus humildes botes,del mundo lanzó al mar sus sacerdotes, dando su Fe viento a sus velas.
Tras sí abriendo de luz anchas estelas,de navíos altísimos con dotes,a partirse la tierra en doce lotesles llevaron sus naves pequeñuelas.
Y aquellos pescadores ignorantes,aquellos doce pobres nazarenosconsiguieron alzar, nuevos Atlantes,
de fuerzas de titán por su fe llenos,sobre ricos, impíos y arroganteslos pobres, los humildes y los buenos.
, legislador, no escribió nada;ni un papiro dejó, ni un pergamino:quedó tras Él su espíritu divino,su fe con su memoria inmaculada.
, rey, no empuñó cetro ni espada;en el polvo sembró de su caminode su fe la semilla; a su destinodejándola y al tiempo encomendada.
Germen de amor, de paz, de fe y cariño,culto del alma, religión interna,de fausto exenta y de mundano aliño,
la propagó el amor, la amistad tierna,la fe del pobre, la mujer y el niño:y por eso es .