Ante un cadáver
1872
¡Y bien! aquí estás ya... sobre la planchadonde el gran horizonte de la cienciala extensión de sus límites ensancha.
Aquí donde la rígida experienciaviene a dictar las leyes superioresa que está sometida la existencia.
Aquí donde derrama sus fulgoresese astro a cuya luz desaparecela distinción de esclavos y señores.
Aquí donde la fábula enmudecey la voz de los hechos se levantay la superstición se desvanece.
Aquí donde la ciencia se adelantaa leer la solución de ese problemacuyo solo enunciado nos espanta:
ella, que tiene la razón por lema,y que en tus labios escuchar ansíala augusta voz de la verdad suprema.
Aquí estás ya... tras de la lucha impíaen que romper al cabo conseguistela cárcel que al dolor te retenía.
La luz de tus pupilas ya no existe,tu máquina vital descansa inertey a cumplir con su objeto se resiste.
¡Miseria y nada más¡ dirán al vertelos que creen que el imperio de la vidaacaba donde empieza el de la muerte.
Y suponiendo tu misión cumplida,se acercarán a ti, y en su miradate mandarán la eterna despedida.
Pero, ¡no!... tu misión no está acabada:que ni es la nada el punto en que nacemosni el punto en que morimos es la nada.
Círculo es la existencia, y mal hacemoscuando al querer medirla le asignamosla cuna y el sepulcro por extremos.
La madre es sólo molde en que tomamosnuestra forma, la forma pasajeracon que la ingrata vida atravesamos.
Pero ni es esa forma la primeraque nuestro ser reviste, ni tampocoserá su última forma cuando muera.
Tú, sin aliento ya, dentro de pocovolverás a la tierra y a su seno,que es de la vida universal el foco.
Y allí, a la vida en apariencia ajeno,el poder de la lluvia y del veranofecundará de gérmenes tu cieno.
Y al ascender de la raíz al grano,tras del vegetal a ser testigoen el laboratorio soberano;
tal vez, para volver cambiado en trigoal triste hogar donde la triste esposasin encontrar un pan sueña contigo.
En tanto que las grietas de tu fosaverán alzarse de su fondo abiertola larva convertida en mariposa,
que en los ensayos de su vuelo inciertoirá al lecho infeliz de tus amoresa llevarte tus ósculos de muerto.
Y en medio de esos cambios interiorestu cráneo, lleno de una nueva vidaen vez de pensamientos dará flores:
en cuyo cáliz brillará escondidala lágrima, tal vez con que tu amadaacompañó el adiós de tu partida.
La tumba es el final de la jornadaporque en la tumba es donde queda muertala llama en nuestro espíritu encerrada.
Pero en esa mansión, a cuya puertase extingue nuestro aliento, hay otro alientoque de nuevo a la vida nos despierta.
Allí acaban la fuerza y el talento,allí acaban los goces y los malesallí acaban la fe y el sentimiento:
allí acaban los lazos terrenales,y mezclados el sabio y el idiota,se hunden en la región de los iguales.
Pero allí donde el ánimo se agotay perece la máquina, allí mismoel ser que muere es otro ser que brota.
El poderoso y fecundante abismodel antiguo organismo se apodera,y forma y hace de él otro organismo.
Abandona a la historia justicieraun nombre sin cuidarse, indiferente,de que ese nombre se eternice o muera.
El recoge la masa únicamentey cambiando las formas y el objeto,se encarga de que viva eternamente.
La tumba sólo guarda un esqueleto;mas la vida en su bóveda mortuoriaprosigue alimentándose en secreto.
Que al fin de esta existencia transitoriaa la que tanto nuestro afán se adhiere,la materia, inmortal como la gloria,cambia de formas; pero nunca muere.