Cleopatra
1895
La vi tendida de espaldasentre púrpura revuelta.Estaba toda desnuda,aspirando humo de esenciasen largo tubo, escarchadode diamantes y de perlas.
Sobre la siniestra manoapoyada la cabeza;y como un ojo de tigre,un ópalo daba en ellavislumbres de fuego y sangreel oro de su ancha trenza.
Tenía un pie sobre el otroy los dos como azucenas;y cerca de los tobillosargollas de finas piedras,y en el vientre un denso triángulode rizada y rubia seda.
En un brazo se torcíacomo cinta de centellas,un áspid de filigranasalpicado de turquesas,con dos carbunclos por ojosy un dardo de oro en la lengua.
A menudo suspiraba;y sus altos pechos erancual blanca leche, cuajadadentro de dos copas griegas,y en alabastro vertida,sólida ya, pero aún trémula.
¡Oh! Yo hubiera dado entoncestodos mis lauros de Atenas,por entrar en esa alcobacoronado de violetas,dejando ante los eunucosmis coturnos a la puerta.