Versos sencillos, XXX
1891
El rayo surca, sangriento,El lóbrego nubarrón:Echa el barco, ciento a ciento,Los negros por el portón.
El viento, fiero, quebrabaLos almácigos copudos;Andaba la hilera, andaba,De los esclavos desnudos.
El temporal sacudíaLos barracones henchidos;Una madre con su críaPasaba dando alaridos.
Rojo, como en el desierto,salió el sol al horizonte;Y alumbró a un esclavo muerto,Colgado a un seibo del monte.
Un niño lo vio: temblóDe pasión por los que gimen;Y, al pie del muerto, juróLavar con su sangre el crimen!