En el verano
Por escena, el campo libre;el tiempo... en su eterno curso;hora... en que espiran las brisasdel mar con lento susurro.en primer término, el árbolsecular, ancho, copudo,a cuya sombra mi honrado.Abuelo, a sus deudos junto,nuevo Jacob con su tribu,en los rigores de juliovio sestear sus rebaños,o a sus gañanes forzudos,olas rompiendo de espigas,juntar en haces los frutos.¡Ni un sonido en el espacio!Y, en el término segundo,de mi casa solariegalos envejecidos muros,mientras, cual manso plumajeque agita escondido impulso,de mi tosca chimeneaasciende ondulante el humo.-¡Padre sol! la tierra blandaa tu solícito influjo,en la estación de su celote abrió el seno; y somos tuyos,nacidos de un mismo barro,desde el gusano sepultoque habita el humilde limo,al insecto, al ave, al bruto...Así la Libia sedientaes patria, es templo, es refugio,donde difundió su estirpede Agar el seno fecundo;y allí bendijo el OasisDios para el árabe inculto,que halla en las sombras de palmasde arquitectural conjuntoagua y preciso sustentoy cielo para su culto.
Un día la negra sombradel árbol alto y robusto,aguja del meridianoinversa al sol en su rumbo,me había dejado expuestoal haz de dardos agudosque arroja el astro gigantedesde el término diurno,antes de lanzarse a plomoen el piélago profundo.Y por la senda que llegamal trazada, advertí aduro,aguijando a prisa a prisa,al hidalgo linajudo,señor don Lope Mendozade Carvajal y de Angulo,mi vecino, rico en prediosy un tanto pobre en estudios:hombre recio, rostro altivo,atezado y cejijunto.Salí a su encuentro, y, al verme,se apeó un tanto ceñudo.-«Señor don Lope (le dije),»me honra el veros; mas presumo»por lo breve del camino»y el momento en que os pregunto,»si os han estorbado el paso»o si os trae algún disgusto.»-No piensa mal mi vecino,si bien no hay guapo ni chuscoque a mi persona se atreva:y, ya veis, no llego enjuto.Mi caballo es agosteño,y, como si fuera un buzo;así que pisa en el ríoha de pegar un zambullo.De allí no hay quien lo levantemas que le metan un chuzo;pero, en soltando el jinete,se vuelve pájaro grullo.De esta manera se explicapor qué en un macho orejudollega tarde y mal don Lope,que aún viniera sobre un ruciodonde vuestra linda hermanacon esos cabellos rubios,con esos ojos azulesy con esos pies menudos,me trae sorbidos los sesosde suerte, que me consultosi me habré yo vuelto mostoy corro tras el embudo.Sobre poco más o menos,sin rodeos de hombre astuto,sabéis que os puse en la feriaese trato peliagudo.Cierto que vos me dijeraisaquello del exabrupto,y « hasta que hable con mi hermana,»cuanto ofrezca es prematuro...»Hablasteis con ella; y luegoallá, por lo que discurro,no echó el trato a mala parte,ni vos lo disteis por nulo;puesto que me respondíais(carta canta; a ella me ajusto):«mi hermana oyó vuestro obsequio,»y os diré en tiempo oportuno...»el agosto está inmediato...»yo hoy no acepto ni rehúso.»-Vecino, yo desde entonceshe contado los minutos.Hoy es primero de agosto;se corrió el plazo, y acudo;y, por si es pleito entre partes,a lo pactado me afugio.A mí me ha cabido el añomejor que a aquellos palurdoslabradores de otros tiempos,que, echándosela de duchos,contaban les cuajaría,cuando los ahogó el diluvio.-Sabido ya por mi bocami tropiezo y lo que busco,debéis vos decirme en cambiocon franqueza a vuestro turno:¿qué os tiene fuera de casacon este calor tan rudo?-«Sintiendo vuestro percance,»Vais a ver cómo yo cumplo...»Andad, don Lope... Me trajo»al campo, el calor que a muchos»mantiene bajo su techo:»¡cada cual según sus gustos!»Amparado por la sombra»de ese árbol, do acostumbro»sentarme, sin que me atedien»las horas en su transcurso,»contemplaba el reprimido»dolor, el silencio mudo»con que la naturaleza»rinde el maternal tributo;»y así, con mis pensamientos,»tal vez sobrado profundos,»pasando estaba la tarde»sin dichas y sin disgustos.»Andando íbamos caminode casa en este discurso:a la medida que andábamoscrecía el blando murmullode la fuente que en mi ejidoancho el caño, el chorro curvo,derrama en la limpia tazasu claro raudal...; y un bruscoimpensado advertimientodel hidalgo, me detuvo,diciéndome:-«Tenga el paso,»vecino; y, si estoy confuso,»sépase que no soy hombre»que crea en brujas ni en brujos,»aunque crea en los misterios»y en los divinos recursos...»Decidme si estáis oyendo,»o si es que yo me embarullo,»un canto en cuyas cadencias»de un ángel suena el anuncio.»Presté atención: iba el ecoconcertándose al murmuriode la fuente de mi ejido,atenuado como el humoque de mi hogar ascendíapor el ambiente difuso...Era la voz de mi hermana;su canción; la que compusoel Ángel de la familia,que va abandonando el mundo.-Mi hermana en las soledadesde su apartamiento oculto,entretenía las horascomo suele, por recurso,hilando del manso linoque en mi huerta le procuro,fino como sus cabellos,como sus cabellos rubio.
Entró don Lope Mendoza;trató el caso...; noble estuvo.A poco, tras un galopeoyóse un relincho, y súbitonos dijo: -Ese es mi caballo,con mi criado... No abultoal afirmar que, si no fuerapor lo atrasada que anduvosu madre en soltar la carga,cada pelo valía un mundo...La falta estará en la madre...Ni lo abono ni lo culpo...Hijos nacen con pitones,por ser sus padres cornudos...Pero es lo cierto, señora,y a vuestro hermano recurropara que os diga la causa,que llegar pude algo sucio,cuando, por veros, vinieraa horcajadas sobre un burro;y aun llegara más temprano,que el fracaso me entretuvo...Forzado a acortar el tiempo,a la vuelta me apresuro.-Madama, el sí que me llevo,bien que dado entre repulgos,confío os lleve muy prontoa vivir en donde juzgoque no estuviera más anchani la esposa del gran turco.A recibiros esperanlibre puerta, alzado escudo,cimerado capacete,la celada opuesta al zurdolado, en señal que no cabenallí los hijos espúreos;y en campos de oro y de gulesenlazados los vetustosblasones de los Mendozade Carvajal y de Angulo.Hízonos tres reverencias,espolsándose el muslo:salióse, y salí en obsequiode mi cuñado futuro.
Ni aun el mismo don Quijote,con ser jinete zancudo,salvando el borren trasero,ciñó el bridón más a punto;y, llamándole a las piernas,en los estribos insúrgito,cual si nuestros cumplimientosle sirviesen de conjuro,partió, como sale el diablodel cuerpo del energúmeno.
Las mujeres, desde Evaa la hoy mujer del verdugo;desde las que se arrebolana las que limpian los cubos;desde la que zurce versosy en las medias lleva puntos,a la convencida monjaque al cielo dirige el rumbo;así la que arrastra encajescomo la que en su condumiosisa ochavo por ochavohasta completar el duro;todas ellas son artistasen sus intervalos lúcidos,conforme van los menguantes,o según los plenilunios.Mi hermana (la replegadasensitiva, cuando impuroeco de voz mal sonantehería sus oídos púdicos),luego que el hombre a caballo,veloz centauro, traspusoentre el polvo y la neblinay las tintas del crepúsculo,me dijo: «Hermano: don Lope»mal mi voluntad dispuso»como galán en estrado;»mas, ¡qué bien domina el bruto!»Dado a tan fuerte ejercicio,»no extraño tenga en desuso»la galante cortesía;»¡pero es gallardo, es hercúleo!»La hermosura es delicada;»la fuerza es bella de suyo;»la aman la flor y la débil»mujer... ¡Hermano, yo juzgo»que belleza y hermosura»son dos aspectos del gusto:»la flor se ampara entre espinas»y el rosal ama el capullo!»
Era la mujer apenasrebasados los tres lustros;y era don Lope Mendozatan fuertemente membrudo;que en la plaza de su aldeafiestas de becerros hubo,y viéndose sorprendido,si un novillo le fue al bulto,ya apretado entre las tablasy los cuernos puntiagudos,porque allí se viera a un noblesalir de tamaño apuro,lo atontó de un puñetazocon aplauso del concurso.
Claros estaban los cielos,limpio el azul transparente:sólo a lo lejos se víavellón que al aura remece,una nubecilla mansa,una nubecilla tenue,una blanca nubecillacomo el ampo de la nieve...
Ancha nube en limpio espacio,¿quién te guía? ¿quién te acrece?¿quién te empuja, nube airada,en pavorosa creciente,que, ciñéndote de sombras,tragas polvo, el mundo envuelves?
Relámpago en fondo cárdeno,¿cuántos volcanes te encienden?Ronco trueno que respondes,¿a qué mandato obedeces?
Huid, míseros ganados;aves por el aire leves,huid; míseras criaturas,el torbellino os envuelve;huid; que dentro de pocono habrá amparo a que acogerselos árboles más robustosquiebran cual cañas endebles;el huracán, el granizo,os arrebatan, os hieren;la tempestad traga el mundo,y Dios no se compadece.
«¡Ay! (dije, y seguí postrado):¡cuánto la vida me duele!»porque el alma se me ibaa la tempestad rugiente...Y entonces fue cuando vino,derramándose a torrentes,copiosa lluvia; y en olasdespeñadas, que al mar tienden,iban las aves ahogadas,e iban nadando las reses.A la mar iban los árboles,con sus frutos aún pendientes;del labrador afanosolos codiciados enseresiban; y a la par con elloshaces de acopiadas mieses,y, arrancados de su base,restos de pobres albergues...
Mansa lluvia, mansa lluvia,en aljófares cerniéndotedel sol al último rayo,que el agua en diamantes vuelve:mansa lluvia, en derramadosprismas de cristal luciente,arco de triunfo erigidoal vencedor de los débiles,iris de paz para el hombre,sin pacto que le conserve:mansa lluvia, engalanadade colores transparentes,amaranto y oro y púrpura,que no imitan los pinceles:cariñosa, mansa lluvia,a medida que te ciernessobre las flores del campo,hijas de matas silvestres,renace mi triste vida¡a la calma que apetece!¡Vivir es amar! y miroel placer con que agradecenallá en el monte los árbolesy aquí las flores campestres,mansa lluvia cariñosa,¡los beneficios que viertes!y tú, de concordia iris,escala de luz, que asciendesa do reside el misteriode la vida y de la muerte,tú eres el santo caminopor do libres van y vienenlas bendiciones que parten,las esperanzas que vuelven.
¡Visiones de los sentidos!¡Pasad, pasad como suelencruzar, dándose las manos,las niñas en danza alegre!
-¿Quiénes sois, que yo os conozco,pareja en que amor florece,a la par que andáis por camposdonde el tomillo trasciende,y a seguir vuestra jornadatanta voluntad me mueve?-Fuimos tu Padre y tu Madre,aun antes que tú nacieses.
-¿Quiénes sois, niños benditos?Conoceros me parece...-Éramos amigos tuyos,cuando niños inocentes;éramos tus condiscípulosde la vida en los dinteles.Tus iguales nos juzgamosen la edad adolescente;y, si hoy favor te pedimos,que, aceptado, nos ofende,somos los que te abrazabanpara herirte y esconderse...¡Dejamos por nuestra prosade la fama los laureles,virtudes que no nos caben,ideas que nos exceden!...-¡Pasad, pasad, mis amigos!La confesión os releve:¡mi voluntad os disculpay la experiencia os absuelve!
Y tú, ¿a qué vienes, anciano,a quien he visto otras veces?-Voy detrás de mis discípulosque corren más que las liebres,y en la carrera del mundoel que atrás queda se pierde.
¡Aparta, mujer hermosa!¡Por donde viniste, vete!¡Esconde aquesos collares,arracadas y alfilerescon que adorné tu bellezay prendí tu pecho aleve!¡Aparta, mujer traidora,que aun tus caricias me ofenden!
¿Quién eres tú que muy lejos,tan lejos te me apareces,que ya mis cansados ojosdudan en reconocerte?-Tu primer amor me llamo.-¡Tu memoria me enternece!Fuiste el ideal del alma,la santidad de mis preces,la diosa de mis sentidos,la mujer hermosa y débilque amor me brindó en la viday amor me brindó en la muerte.
En pos va la consolantecaridad... ¡Benignos seres,hembras de virtud humilde,hermanas del que padece!Vosotras sois la hermosurasin vanidad ni oropeles,la dicha fecunda en lágrimas,¡la pobreza rica en bienes!
¡Oh, tú, el último en la hilera,de tanto dolor el héroe!De ti sólo vi un reflejo,como mi sombra otras veces.Fantasma, visión, que enseñasla risa, y lágrimas bebes,¿por qué escribes con la puntadel corazón y te dueles?-Apenas ya te recuerdo...díme, por piedad, ¿quién eres?-Yo soy tú.-¡Maldita seas,fascinación de mi mente!Me brinda el mundo favoresen la pugna con los fuertes,la fama con sus aplausos,el éxito con laureles:y, pues que la vida es luchadonde todos acometenvencedores o vencidos,el vencido se defiende,y allá, tras su desengaño,la quieta paz se le ofrece,como al náufrago que arrojanlas olas a los placeres...¡Las olas que le llevaron,le trajeron, y las sienterugir sin que le amenacenen la playa en que se aduerme!...-¡Visión! eres la memoria;eres la verdad que miente;¡no escribas más con la puntade mi corazón, y aléjate!