Sevilla
¡Ay! ¡qué aroma embalsamado,y qué armonioso concento,y qué susurro acordadoal claro espacio alboradolleva en sus alas el viento!
¡Salve, ciudad de las flores!que hasta olvidé mis doloresen tus eternos pensiles;¡Eden de los Irasfiles,paraíso de los amores!
Al sol tocando su frente,en mar de aromas se bañarica matrona esplendente;es la perla que el Orientedejó entre flores á España.
La que en sus glorias encierraal que tuvo en santo anheloganando su trono en guerra,para reinar en su tierraque santificarlo el cielo.
Paraíso de serafines,la de los gayos jardinesseñora del reino moro,la de los mil paladines,la de la torre del Oro.
En el Eden de Irasfilel mas fragante pensil,la envidiada maravillade pueblos y reyes mil,la hermosa oriental Sevilla.
Esas montañas frondosas,murallas de nardo y rosasque por cercarte se enlazan,díme si amantes te abrazanó te aprisionan celosas.
En prados de eterna gualdala alzó el abril sus altares,y, bordando su esmeralda,la están guardando la espaldacon sus abismos los mares.
Y en red de cristal prendidossus anchos valles dilatade mil colores vestidos:íris de flores tendidosentre serpientes de plata.
¡O sobre ti sus celajesdejó la pintada aurora,ó guardan aun tus ramajes,los pendones y plumajesy ríos de sangre mora!
Plateados espejos fielesanhelando retratarlaabandonan sus vergelesy envuelto en rosa y laurelesel Bétis viene á besarla.
Murmullo de sus querellastodo el aire es ruiseñores,todo su espacio colores,y todo su cielo estrellas,y todo su campo flores.
Que Dios la dió de abedulfloridas selvas sin fin,sus perlas la mar azul,de Europa rica Estambul,del orbe eterno jardín.
Y es del imperio orientalel mas glorioso blasonsu gigante catedral,de los cielos pedestal,de los siglos panteon.
Que yo en su Giralda leocuanto de grande el deseoen sus delirios encierra,de las edades trofeo,monumento de la tierra!
Orlada en perlas y azaharesya las armadas no ves,que de remotos lugaresrizando los anchos maresrinden tributo á tus piés.
Ni el árabe centinelaquejarse en dulce concentotras la celosa cancela,cuya amante cantinelamurmura envidioso el viento.
¡Qué se hizo la selva umbría,do el rey Alhamar un diacon tristes quejas amargassu pesadumbre decíaá Garci Perez de Vargas!
¡A dónde el bravo adalidque compitiendo en su gloriafué de los árabes Cid!A cada aurora una lid;cada lucha una victoria.
¿Dó tu poder? ¿Dónde fueronlos conquistados tesoros?¿Dó tus falanjes huyeron?Dó tu esplendor? ¿Qué se hicieronlas justas de reyes moros?
Tachonados de trofeos,dó tus palacios —alhambras?¡Dónde, alegres devaneosalternando en tus torneoscañas, sortijas y zambras!
¿Dónde tus estancias bellascon sus vidrios de coloresy embalsamados olores?¿Dó las cristianas doncellasdel harem de los amores?
¡Y cuán amargo fué el llorode aquel arrogante moro,cuando hincada la rodillaentregó la llave de orode la opulenta Sevilla!
¡Qué en Buena Vista sentíacuando su adios te decíade Atjataf el pueblo fiel!Sin un Dios, nuevo Israel,que á los desiertos huía.
El llanto vertiendo á rioste despiden con clamores.Así van los ruiseñores si cazadores impíosroban su nido de amores.
Nido de amor y placeres,trono de Venus y Ceresrodeado de serafines:¡si me encantan tus jardinesme arrebatan tus mujeres!
¡Ay! tal vez enamoradabebió un suspiro la brisa,que el alma quedó arrobadaen una tierna mirada,en una dulce sonrisa.
Mas del sol de los placeresjamás la luz se ha nublado:te dió la gloria sus seres...nuevo paraiso encantado,ángeles son tus mujeres.
Que el árabe, sin enojosal humillar su altivez,parece la dió en despojoslo rasgado de sus ojos,lo moreno de su tez.
Y aun allí el Bétis retrataempavesados bajeles,y aun á los mares dilatapresas sus ondas de plataen cenefas de claveles.
Y sin su pompa orientalaun es de Tiro pensil,y aun ostenta sin igualcon las galas del abrilsus auroras de coral.
Y su Giralda atrevida,de su alcázar los jardines,la amante queja sentida,su angosta calle torcida,sus cancelas de jazmines.
Sus auras embalsamadas,su corona de luceros,sus floridas enramadas,sus noches enamoradas,sus selvas de limoneros.
Y aun, cual hermosa, esplendenteen mar de aromas se bañaSevilla, alcázar potente;rica perla que el Orientedejó entre flores á España.
Quizá en el alma grabadollevo tu rostro, sultana;adios queda, sevillana,aun naciente, enamoradolucero de mi mañana.
Y adios, ciudad de las flores,que tanta ventura encierraque hasta olvidé mis dolores:paraiso de los amores,poesía de la tierra.