El ensueño

Evaristo Carriego (1883–1912)

Porque después del golpe vino la airadaretahila de insultos con que la veja,ella tornó a callarse, sin una queja,ya a las frases más torpes acostumbrada.

Y por fin, en el lecho cayó, cansada,conteniendo esa horrible tos que no cejay de nuevo a la boca sube y le dejael sabor de su enferma sangre afiebrada.

Y mientras el padre grita, brutal, borrachocomo siempre que vuelve de la cantina,ella piensa en el dulce sueño irreal

que sonara al recuerdo de aquel muchachoque vio junto a la cama de su vecinaen la tarde de un jueves del hospital.