Aldeana (canción)

Felipe Pinglo Alva (1899–1936)

En la apacible quietud de la aldeadonde la vida es un himno de pazeres el hada gracil y ligeraque a su paso esparce la felicidad.En la visión definida y serenadel que juzga el mundo cual fuente del mal,eres, aldeana lo que mi alma espera,eres la belleza llena de humildad.

La aurora, que trae el eterno mañana,al enviar sus rayos alumbra tu ser,alzas el rostro a dar gracias al cieloy entonces te muestras divina, mujer.Sus rayos de plata con tintes de perlaa tu faz circundan cual un medallón,y en aquel instante muestras la purezade un ángel terreno mimado de Dios.

Los seres tan puros, siempre en su alma llevannobles sentimientos, ternura y bondadque amables prodigan, cual bálsamo eterno,a quien necesita remedio a su mal.Yo soy un rebelde de esa gran mentiraque llamamos vidas, y la muerte da,aldeanita hermosa, graciosa y tan bellala dicha que ansío, tu amor me dará.