Mil veces digo, entre los brazos

Francisco de Aldana (1537–1578)

Mil veces digo, entre los brazos puesto de Galatea, que es más que el sol hermosa; luego ella, en dulce vista desdeñosa, me dice: "Tirsis mío, no digas eso".

Yo lo quiero jurar, y ella de presto, toda encendida de un color de rosa, con un beso me impide y, presurosa, busca tapar mi boca con un gesto.

Hágole blanda fuerza por soltarme, y ella me aprieta más y dice luego: "No lo jures, mi bien, que yo te creo".

Con esto, de tal fuerza a encadenarme viene que Amor, presente al dulce juego, hace suplir con obras mi deseo.