Dígote pretendiente y cortesano, llámete Plinio el nombre que quisiere; pues quien del viento alimentarte viere, el nombre que te doy tendrá por llano.
Fuelle vivo en botarga de gusano, glotón de soplos, que tu piel adquiere; mamón de la provincia, pues se infiere que son tus pechos vara y escribano.
Si del aire vivieras, almorzaras respuestas de ministros y señores; consultas y decretos resollaras;
fueran tu bodegón aduladores, las tontas vendederas de sus caras, sastres, indianos, dueñas y habladores.