Pues ya tiene la encina en los tizones más séquito que tuvo en hoja y fruto, y el nubloso Orïón manchó con luto las (otro tiempo) cárdenas regiones;
pues perezoso Arturo, y los Trïones dispensan breve el sol, y poco enjuto, y con imperio cano y absoluto labra el yelo las aguas en prisiones;
hoy que se busca en el calor la vida, gracias al dueño invierno, amante ciego, a quien desprecia Amor y Lisi olvida,
al yelo hermoso de su pecho llego mi corazón, por ver si, agradecida, se regala su nieve con mi fuego.