Por la cumbre de un monte levantado, mis temerosos pasos, triste, guío; por norte llevo sólo mi albedrío, y por mantenimiento, mi cuidado.
Llega la noche, y hállome engañado, y sólo en la esperanza me confío; llego al corriente mar de un hondo río: ni hallo barca ni puente, ni hallo vado.
Por la ribera arriba el paso arrojo; dame contento el agua con su ruido; mas en verme perdido me congojo.
Hallo pisadas de otro que ha subido; párome a verlas; pienso con enojo si son de otro, como yo, perdido.