Las tres musas últimas castellanas 070

Francisco de Quevedo y Villegas (1584–1645)

Con sacrílega mano el insolente pueblo, de los milagros convencido, alza las piedras, más endurecido cuanto el Señor atiende más clemente.

Muera quien al vivir eternamente, que se negó a Abrahán, nos ha ofrecido; murieron los profetas, y, escondido, yace Moisés, caudillo más valiente.

Burló las piedras, que después miraron con lástima a la Cruz de Dios, vestida, y de noche por Él, cielos y estrellas,

donde todas de envidia se quebraron de que para instrumento de la vida más quisiere a la Cruz que a todas ellas.