Sea que, descansando, la corriente torcida y libre de espumoso río, labró artífice duro, yerto y frío, este puro milagro transparente;
sea que, aprisionada, libre fuente encarceló con yelo su albedrío, o en incendios del sol, l'alba el rocío cuajó a región benigna del Oriente;
o ya monstruo diáfano naciese, hijo de peñas duras, parto hermoso, a llama universal rebelde yelo,
fue bien que cielo a Dios contrahiciese, porque podáis decir, Duque glorioso, que, aunque imitado y breve, le dais Cielo.