¡Oh cuánta majestad! ¡Oh cuánto numen, en el tercer Filipo, invicto y santo, presume el bronce que le imita! ¡Oh cuánto estos semblantes en su luz presumen!
Los siglos reverencian, no consumen, bulto que igual adoración y espanto mereció amigo y enemigo, en tanto que de su vida dilató el volumen.
Osó imitar artífice toscano al que a Dios imitó de tal manera, que es, por rey y por santo, soberano.
El bronce, por su imagen verdadera, se introduce en reliquia, y éste, llano, en majestad augusta reverbera.