Más escarmientos dan al Ponto fiero (si atiendes) la bonanza y el olvido, que el peligro y naufragio prevenido y el enojo del Euro más severo.
Ansí, cuando, cortés y lisonjero, Noto tus velas mueva adormecido, y sirva, por tus gavias extendido, de líquido y sonoro marinero,
entonces, ¡oh Mirtilo!, desvelados en la milicia de la calma ociosa, tus sentidos irán y tus cuidados.
Menos dulce es la paz que peligrosa; no salgas, no, a recibir los hados; tarda, con advertencia peligrosa.