A quien la buena dicha no enfurece, ninguna desventura le quebranta; camino, Fabio, por la senda santa, que no en despeñaderos permanece.
Huye el camino izquierdo, que florece con el engaño de tu propia planta; pues cuanto en curso alegre se adelanta, tanto en mentidas lumbres te anochece.
Huye la multitud descaminada; deja la culpa espléndida, y, seguro, a virtud dará el fin de la jornada.
Y si al engaño, en la opulencia oscuro, aplicas luz, harás que te persuada que el oro es cárcel con blasón de muro.