«Llueve, oh Dios, sobre mí persecuciones», mendigo, esclavo y manco, repetía Epitecto valiente, y cada día a Júpiter retaban sus razones.
«Vengan calamidades y aflicciones averigua en dolor mi valentía; con los trabajos mi paciencia expía mi sufrimiento, en hierros y prisiones.»
¡Oh hazañoso espíritu hospedado en edificio enfermo, que pudieras animar cuerpo excelso y coronado!
Trabajos pides y molestia esperas, y, con tener a Dios desafiado, ni ofendes, ni presumes, ni te alteras.