«¡Oh fallezcan los blancos, los postreros años de Clito! Y ya que, ejercitado, corvo reluzga el diente del arado, brote el surco tesoros y dineros.
»Los que me apresuré por herederos, parto a mi sucesión anticipado, por deuda de la muerte y el pecado, cóbrenlo ya los hados más severos.»
¿Por quién tienes a Dios? ¿De esa manera previenes el postrero parasismo? ¿A Dios pides insultos, alma fiera?
Pues siendo Stayo de maldad abismo, clamara a Dios, ¡oh Clito!, si te oyera; y ¿no temes que Dios clame a Sí mismo?