¿Ves esa choza pobre que, en la orilla, con bien unidas pajas, burla al Noto? ¿Ves el horrendo y líquido alboroto, donde agoniza poderosa quilla?
¿No ves la turba ronca y amarilla desconfiar del arte y del piloto, a quien, si el parasismo acuerda el voto, la muerte los semblantes amancilla?
Pues eso ves en mí, que, retirado a la serena paz de mi cabaña, más quiero verme pobre que anegado.
Y miro, libre, naufragar la saña del poder cauteloso, que, engañado, tormenta vive cuando alegre engaña.