Duro tirano de ambición armado, en la miseria ajena presumido, o la piedad de Dios llamas olvido, o arguyes su paciencia de pecado.
Y puede ser que llegues obstinado y de mordaz blasfemia persuadido, a negarle el valor, cuando, ofendido, crecer quiere el castigo dilatado.
No es negligencia la piedad severa; bien puede emperezar, mas no olvidarse la atención más hermosa de la esfera.
Estale a Dios muy bien el descuidarse de la venganza que tomar espera: que sabe, y puede, y debe desquitarse.