Lo que en Troya pudieron las traiciones, Sinón y Ulises y el caballo duro, pudo de Ostende en el soberbio muro tu espada, acaudillando tus legiones.
Cayó, al aparecer tus escuadrones, Frisa y Breda por tierra, y, mal seguro, debajo de tus armas vio el perjuro sin blasón su muralla y sus pendones.
Todo el Palatinado sujetaste al monarca español, y tu presencia al furor del hereje fue contraste.
En Flandes dijo tu valor tu ausencia, en Italia tu muerte, y nos dejaste, Spínola, dolor sin resistencia.