Si en Francia, tan preciada de sus Pares, no hallo, Manuela, par vuestra hermosura, la ardiente rosa en vuestra nieve pura blasones sean de España singulares.
De Orlando las hazañas militares, si a vuestra luz probaran aventura, mejor calificaran su locura, cuando el vencido os dedicara altares.
Vuestra boca, riéndose, es aurora; es francesa, si habla; y es Oriente que con todas las Indias enamora.
Por vos la rosa castellana ardiente en París fue gloriosa vencedora del lirio de oro, que hoy la envidia ausente.