Parnaso español 195

Francisco de Quevedo y Villegas (1584–1645)

No lo entendéis, mis ojos, que ese cebo que os alimenta es muerte disfrazada que, de la vista de Silena airada, con sed enferma, porfiado, bebo.

Sólo de mí os quejad, que sólo os llevo donde la alma dejáis aprisionada, peregrinando, ciegos, la jornada, con más peligro cada vez que os muevo.

Si premio pretendéis, sois atrevidos; y si no lo esperáis, desesperados; cautivos si miráis, si lloráis tristes.

Bien os podéis contar con los perdidos; pero podéis perderos consolados, si la causa advertís por que os perdistes.