Mientras que fui tabiques y desvanes, desigual en cimiento y azotea, tela fina en lacayos fue librea: ya no me puedo hartar de tafetanes.
Hoy, hermosa, me faltan los galanes, y el silbo bien bebido me torea; yo tuve la ventura de la fea, como la pronostican los refranes.
Tan sola siempre, tan a pie me hallo, que, vueltos en andrajos los rejones, tengo el fuego de Troya, no el caballo.
Los bravos son mis altos y escalones; no los toros, pues tengo, y no los callo, más hombres en terrados que en balcones.