Si a los que me merecen me entregara la Justicia, no holgara la madera. ¡Oh qué notable colgadura hiciera! En oro a la de Túnez despreciara.
En un credo, oficiales despachara que en despachar se tarda una era; menos el ruido que las nueces fuera, y el pino fruto de nogal llevara.
Hubiera en mí más varas que no palos; presos y prendedores y renglones; de pobres me extendiera a ricos malos.
Ladrones, y quien hurta a los ladrones, gozaran igualmente mis resbalos, aunque el adagio los trocó en perdones.