Padre, yo quiero al prójimo, y me muero por cumplir lo que en esto se me ordena. Yo no cudicio la mujer ajena, que antes todos cudician la que quiero.
A mí solo me hurto yo el dinero. Las fiestas guardo yo, no mi cadena. No temo, por no honrar los padres, pena; ni peco en la avaricia del logrero.
Por mí estarán eternamente echados los testimonios, y mi lengua muda para jurar ni aun reyes coronados.
¿Si gracia alcanzaré con esta ayuda? Ya que no ha de absolverme mis pecados, padre fray Gil, absuélvame la duda.