Fidelia

Juan Clemente Zenea (1832–1871)

Et dans chaque feuille qui tombeJe vois un présage de mort.Millevoye.

Bien me acuerdo! –Hace diez años!y era una tarde serena!Yo era joven y entusiasta,pura, hermosa y virgen ella!Estábamos en un bosquesentados sobre una piedra,mirando a orillas de un ríocomo temblaban las hierbas.

–Yo no soy el que era entoncescorazón en primavera,llama que sube a los cielos,alma sin culpas ni penas!Tú tampoco eres la misma,no eres ya la que tú eras,los destinos han cambiado:yo estoy triste y tú estás muerta!

Le hablé al oído en secretoy ella inclinó la cabeza,rompió a llorar como un niñoy yo amé por vez primera.Nos juramos fe constante,dulce gozo y paz eterna,y llevar al otro mundoun amor y una creencia.Tomamos ¡ay! por testigosde esta entrevista suprema,unas aguas que se agotany unas plantas que se secan!...nubes que pasan fugaces,auras que rápidas vuelan,la música de las hojas,y el perfume de las selvas!

No consultamos entoncesnuestra suerte venidera,y en alas de la esperanzalanzamos finas promesas;no vimos que en torno nuestrose doblegaban enfermas,sobre los débiles talloslas flores amarillentas;y en aquel loco deliriono presumimos siquieraque yo al fin me hallara triste!que tú al fin te hallaras muerta!

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Después en tropel alegrevinieron bailes y fiestas,y ella expuso a un mundo vanosu hermosura y su modestia.La lisonja que seducey el engaño que envenena,para borrar mi memoriaquisieron besar sus huellas;pero su arcángel custodiobajó a cuidar su pureza,y protegió con sus alaslas ilusiones primeras:conservó sus ricos sueñosy para gloria más ciertaen el vaso de su almaguardó el olor de las selvas;guardó el recuerdo apaciblede aquella tarde serena;mirra de santos consuelos,áloe de la inocencia...

–Yo no tuve ángel de guarday para colmo de penasdesde aquel mismo momentoestá en eclipse mi estrella;que en un estrado una noche,al grato son de la orquesta,yo no sé por que motivose enlutaron mis ideas;sentí un dolor misterioso,torné los ojos a ella,presentí lo venidero:me vi triste y la vi muerta!

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Con estos temores vagospartí a lejanas riberas,y allá bañé mis memoriascon una lágrima acerba.Juzgué su amor por el mío,entibióse mi firmeza,y en la duda del retornoolvidé su imagen bella.Pero al volver a mis playas¿qué cosa Dios me reserva?...Un duro remordimiento,y el cadáver de Fidelia!

Baja Arturo al Occidentebañado en púrpura regia,y al soplar del manso Alisiolas eolias arpas suenan;gime el ave sobre un sauceperezosa y soñolienta,se respira un fresco ambiente,huele el campo a flores nuevas;las campanas de la tardesaludan a las tinieblas,y en los brazos del reposose tiende naturaleza!...¡Y tus ojos se han cerrado!¡Y llegó tu noche eterna!Y he venido a acompañartey ya estás bajo de tierra!...

Bien me acuerdo! –Hace diez añosde aquella santa promesa,y hoy vengo a cumplir mis votos,y a verte por vez postrera!Ya he sabido lo pasado...supe tu amor y tus penas,y hay una voz que me diceque en tu alma inmortal me llevas.

Mas... lo pasado fue gloria,pero el presente, Fidelia,el presente es un martirio,¡yo estoy triste y tú estás muerta!