A la muerte de Cicerón
Deten un poco la cobarde espada,Cruel Pompilio, ingrato, y consideraLa injusta empresa que á tu brazo espera,Y largos siglos ha de ser llorada.
¿Posible es que se ve tu mano armadaContra el gran Tulio, á quien librar debieraEn igual recompensa de la fieraMuerte, á tu ingratitud recomendada?
¡Oh, cuán poco aprovecha la memoriaDel recibido bien, que al obstinadoNinguna cosa de su error le muda!
Desciende el golpe sobre la alta gloriaDe la latina lengua; derribadoDeja el valor, y la elocuencia muda.