A los treinta años

Manuel del Palacio (1831–1906)

Heme lanzado en la fatal pendienteDonde á extinguirse va la vida humana,Viendo la ancianidad en el mañanaCuando aun la juventud está presente.

No lloro las arrugas de mi frenteNi me estremece la indiscreta cana;Lloro los sueños de mi edad lozana,Lloro la fe que el corazón no siente.

Me estremece pensar cómo en un díaTrocóse el bien querido en humo vanoY el alentado espíritu en cobarde:

¡Maldita edad razonadora y fríaEn que para morir aun es temprano,Y para ser dichoso acaso es tarde!