Amada

Medardo Ángel Silva (1898–1919)

¡El duro son de hierro tornaré melodíapara cantar tus ojos! —violetas luminosas—la noche de tu negra cabellera y el díade tu sonrisa, pura más que las puras rosas.

Tú vienes con el alba y con la primaveraespiritual, con toda la belleza que existe,con el olor de lirio azul de la praderay con la alondra alegre y con la estrella triste.

La historia de mi alma es la del peregrinoque extraviado una noche en un largo caminopidió al cielo una luz... y apareció la luna;

pues, estaba de un viejo dolor convaleciente,y llegaste lo mismo que una aurora naciente,en el momento amargo y en la hora oportuna.