El herido I
Para el muro de un hospital de sangre.
Por los campos luchados se extienden los heridos.Y de aquella extensión de cuerpos luchadoressalta un trigal de chorros calientes, extendidosen roncos surtidores.
La sangre llueve siempre boca arriba, hacia el cielo.Y las heridas sueñan, igual que caracolas,cuando hay en las heridas celeridad de vuelo,esencia de las olas
La sangre huele a mar, sabe a mar y a bodega.La bodega del mar, del vino bravo, estallaallí donde el herido palpitante se anega,y florece y se halla.
Herido estoy, miradme: necesito más vidas.La que contengo es poca para el gran cometidode sangre que quisiera perder por las heridas.Decid quién no fue herido.
Mi vida es una herida de juventud dichosa.¡Ay de quien no está herido, de quien jamás se sienteherido por la vida, ni en la vida reposaherido alegremente!
Si hasta a los hospitales se va con alegría,se convierten en huertos de heridas entreabiertas,de adelfos florecidos ante la cirugíade ensangrentadas puertas.