Desprecio

Pedro Soto de Rojas (1584–1658)

La negra noche con su sombra fríaamparaba el honor de las estrellas,cuando aquel sol que engendra mis querellascon rayos de su luz las encendía.

Callando, pareció que les decía:«Ya de mi fuego en esta edad centellasno alumbraréis, que entre mis luces bellaspuso el Autor al mundo nuevo día».

Vuelta después a mí, con voz ardiente,sin templar la virtud de tanta brasa,me dijo: «Vete en paz, amante ciego».

Dejóme herido el corazón dolienteentre llamas secretas, do se abrasa,y fuime en paz. ¿Qué paz? A sangre y fuego.