Cuido que una planta bella

Rosalía de Castro (1837–1885)

øøøCuido que una planta bellaQue ama y busca la sombra,Como la busca el almaHuérfana, triste, enamorada y sola,Y allí donde jamás la luz del díaLlega sino a través de las umbrosasRamas de un mirto y los cristales turbiosDe una ventana angosta,Ella vive tan fresca y perfumada,Y se torna más bella y más frondosa,Y languidece y se marchita y muereCuando un rayo de sol besa sus hojas.

øøøPara el pájaro el aire, para el musgo la roca,Los mares para el alga, mayo para las rosas;Que todo ser o planta va buscandoSu natural atmósfera,Y sucumbe bien pronto si es que a ellaOculta mano sin piedad la roba.

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Sólo el humano espíritu al rodar desquiciadoDesde su órbita a mundos tristes y desolados,Ni sucumbe ni muere; que del dolor el mazoFuerte, que abate el polvo y que quebranta el barroMortal, romper no puede, ni desatar los lazosQue con lo eterno le unen por misterioso arcano.

Por eso yo que anhelo que el refulgente astroDel día calor preste a mis miembros helados,Aun aliento y resisto sin luz y sin espacio,Como la planta bella que odia del sol el rayo,

Ya que otra luz más viva que la del sol doradoY otro calor más dulce en mi alma penetrandoMe anima y me sustenta con su secreto halagoY da luz á mis ojos por el dolor cegados.