Viéndome perseguido por la alondra

Rosalía de Castro (1837–1885)

øøøViéndome perseguido por la alondraQue en su rápido vueloArrebatarme quiso en su piquilloPara dar alimento a sus polluelos,

Yo, diminuto insecto de alas de oro,Refugio hallé en el cáliz de una rosa,Y allí viví dichoso desde el albaHasta la nueva aurora.

Mas aunque era tan fresca y perfumadaLa rosa, como yo no encontró abrigoContra el viento, que alzándose en el bosqueArrastróla en revuelto torbellino.

Y rodamos los dos en fango envueltosPara ya nunca levantarse ella,Y yo para llorar eternamenteMi amor primero y mi ilusión postrera.