Rimas (Querol)
A orillas del ancho ríose levanta un árbol muerto,que arraiga en húmeda tierray alza los brazos al cielo.¿Para qué pasan las aguassu pie nudoso lamiendo?¿Para qué las tibias brisasde abril le prodigan besos?¿Para qué en las ramas secasdetiene el pájaro el vuelo?Ni henchirá el tronco la savia,ni hojas moverán los vientos,ni el dulce fruto o el nidohallará el ave allí dentro...........................................¡Savia, frutos, nidos, hojas!¡Vida, amor, nobles intentos!
Para saltar las piedras del torrenteque a nuestros pies bullía,sobre mi mano ardientepuso su mano fría.
Breve instante las aguas cristalinascopiáronla en su centro,como si aún las ondinasmorasen allí dentro.
Hoy, cuando cruzo la corriente a solas,aún el raudal de platade las trémulas olasmiro si la retrata.
¿Porque a la cumbre de la ciencia subes,juzgas que no te engañas?¿Quién no creyó montañas a las nubesy nubes las montañas?
Detrás del tronco del añoso sauceel soldado español puesto en acechove indiferente su sangrienta faucecómo hunde el lobo en su raudal estrecho.Pero si un hombre al codiciado caucebaja, su bala le atraviesa el pecho.Que hoy nuestra raza, en la que el odio impera,niega al hermano lo que da a la fiera.
Nuestras ideas y pasiones copiala mujer en su alma;mas la rudeza varonil endulzay suaviza al copiarlas.
Así la luna en los dormidos cielosbrilla con luz prestada;pero el fuego del sol que la ilumina.trueca en rayos de plata.
Callad ya, sonoras trovas.Laúd, permanece mudo.Morid, risas, con que neciola orfandad del alma insulto.La vid con alegres pámpanospreserva los tiernos frutosdel rayo del sol, del vientoy de los chubascos turbios;mas si el labriego la privade sus racimos maduros,al soplo del cierzo entregala vid sus pámpanos mustios.
De tu hipócrita fe roto ya el velo,hoy con vergüenza mi pasión escondo.Fingir supiste el amoroso anhelo,cual copiar sabe el cenagoso fondode charca vil la claridad del cielo.
Cruzaba contigo el vallea la hora en que las últimasluces de la tarde el cielocon rojas tintas alumbran,cuando, al llegar a la fuenteque bajo el nogal murmura,encontramos a una hermosagitanilla vagabunda.-«¿No querrá el buen caballeroque en las líneas que se cruzansobre su diestra, adivinecuál es su suerte futura?»Tendí mi mano riendo,mientras que, con honda angustia,tú interrogabas los ojosde la pitonisa muda.-«Vos iréis -dijo la maga-de un soñado bien en busca,loco tras de un imposible.que no habéis de lograr nunca.»Yo escuché entonces un levesuspiro del alma tuyapasar llevando en sus alasla afirmación de tus dudas.-«Vos iréis por luengas tierras,juguete de la fortuna,hasta que en lejanos climasuna hermosa niña rubiaos aprisione en los lazosde aquel amor que no duramás que lo que duran brevesla juventud y hermosura.»Tú doblaste sobre el pechola pálida frente mustia,y apoyaste sobre mi hombrolas trémulas manos juntas.-«No fiéis del falso amigoque el traidor puñal aguza,ni de la mujer queridaque miente el amor que os jura.»En sollozos comprimidosrompió al fin tu pena aguda,y de tus nublados ojoscayó el llanto en blanda lluvia.Sentados junto a la fuentenos vio la naciente luna,oprimiendo con mi brazoyo tu delgada cintura,doblando tu la cabezaentre risueña y confusa,y escuchando estas palabras,que ojalá no olvides nunca:-«El porvenir de mi vidasólo ha de ser obra tuya:tu amor sencillo y eternoserá mi buenaventura.»
Nunca sabrás tal vez que yo te adoro;nunca tú en mi semblanteverás las huellas del amargo llorodel dulce lloro que por ti derramo,ni mi labio arrogantenunca osará esta frase, que devoro,junto a tu oído pronunciar: «Te amo.»
En las grietas de la vieja torrepolvo al pasar el huracán dejó;trajo el ave en su pico la semilla;cayó la lluvia y, cuando vino el sol,entre las piedras de la torre antiguabrotó una flor.
Tú has sido para mí, niña inocente,el viento, el ave que pasó veloz,la gota de agua, el sol de primaveracuya fecunda y misteriosa acciónentre las ruinas de mi ser engendranuevo el amor.
¿Ves esa lámpara tristeque en la olvidada capilladel viejo templo cristiano,junto a la Virgen bendita,las sombras apenas vence,pero inalterable brilla?Siglos hace que sus rayosante la imagen vacilan;siglos vendrán... y ella siemprearderá blanca y tranquila.No alumbró nunca el insomniode desvelada codicia,ni la estremecieron nuncalos cánticos de la orgía.Clara estrella sin ocaso,como la del Norte, fija;sagrada luz que no muerecual muere la luz del día.Amor la encendió, y de entoncesel devoto amor la cuida;y, símbolo de una eternapasión, única y sencilla,vivirá mientras la imagena que da sus lumbres, viva.........................................Yo sé di un alma que ardepor ti en casto amor, oh niña,como la lámpara tristede la olvidada capilla.
Si la humana razón con lumbre intensael fondo incierto de las causas busca,la duda engendra, que, cual niebla densa,al alma envuelve y la conciencia ofusca.
Cuando el sol tropical sobre el inquietoPonto su rayo vibrador envía,no alumbra el fondo de la mar secreto;pero engendra el vapor que enturbia el día.
Con venenosa mentiraquisieron turbar la calmacon que tu pecho respira;pero el rayo de su iramurió en la paz de tu alma.
Si arrojáis, acaso, algunapiedra en el estanque lleno,baja hasta hundirse en el cieno,y el cristal de la lagunatorna a cerrarse sereno.
Del lodazal de la tierrael sol, con cálidos rayos,sabe engendrar los vaporesque llevan por los espaciosla grande voz de los truenosy el brillo de los relámpagos.
Los tenues vapores grisesque enturbian los cielos claros,al soplo del cierzo fríoen blanda lluvia trocados,bajan de nuevo a la tierrapara convertirse en fango.
Alma mía, cuando el fuegote abrasa, del entusiasmo,libre hasta, los cielos subes;pero, cuando el desengañote hiere frío, desciendestriste a la cárcel de barro.