Pepín, Pepe y don José
Con una renta muy sanallegó a su pueblo, a Quintana,–(un rinconcito de Asturias),–Pepe el tuerto, o Pepe Muriasprocedente de la Habana.
Compró una casa y un huertoy allí construyó un chalé,de muy mal gusto por cierto,y el que fue Pepín el tuerto,es hoy todo un Don José.
Vive el hombre holgadamentesin ocupación ninguna;le admira toda la gentey no hay vecino pudienteque no envidie su fortuna.
Cansado de trabajares hoy feliz a su modo,y orgulloso debe estar,que hasta le consulta en todoel alcalde del lugar.
Don Blas, el cura, lamentaque esté en Quintana metidoun hombre con esa renta,y creyéndole aburridoayer le echaba esta cuenta:
–Oye, Pepe; tú diráslo que a ti te dé la gana;pero juro a fe de Blasque me parece que estásmuy aburrido en Quintana.
¡Y es natural que así sea!¿A qué te entierras aquí?Ha sido una mala idea;que esto al fin es una aldeasólo buena para mí.
Me dijiste hace pocos díasque de rentas reuníasdiez mil pesetas.–Sí tal.–Pues tú con eso podríasvivir en la capital.–Sí, señor. Se lo concedo.Ya sé de un modo evidenteque con mi rentita puedoestablecerme en Oviedoy vivir perfectamente.
Pero aquí me moriré.No se canse usted, don Blas.No voy a Oviedo.–¿Por qué?–Porque aquí soy Don José,y en Oviedo...¡un tuerto más!