A la desierta plaza
A la desierta plazaconduce un laberinto de callejas.A un lado, el viejo paredón sombríode una ruinosa iglesia;a otro lado, la tapia blanquecinade un huerto de cipreses y palmeras,y, frente a mí, la casa,y en la casa, la reja,ante el cristal que levemente empañasu figurilla plácida y risueña.Me apartaré. No quierollamar a tu ventana... Primavera
viene—su veste blancaflota en el aire de la plaza muerta—;viene a encender las rosasrojas de tus rosales... Quiero verla...