¡No si no fuera yo quien solamente tuviera libertad después de veros! Fuerza, no atrevimiento, fue el quereros, y presunción penar tan altamente.
Osé menos dichoso que valiente; supe, sino obligaros, conoceros; y ni puedo olvidaros ni ofenderos: que nunca puro amor fue delincuente.
No desdeña gran mar fuente pequeña; admite el sol en su familia de oro llama delgada, pobre y temerosa;
ni humilde y baja exhalación desdeña. Esto alegan las lágrimas que lloro; esto mi ardiente llama generosa.