Ver relucir, en llamas encendido, el muro que a Neptuno fue cuidado; caliente y rojo con la sangre el prado, y el monte resonar con el gemido;
a Xanto en cuerpos y armas impedido, y en héroes, como en peñas, quebrantado; a Héctor en las ruedas amarrado y, en su desprecio, a Aquiles presumido;
los robos licenciosos, los tiranos, la máquina de engaños y armas llena, que escuadras duras y enemigos vierte,
no llorarán, Aminta, los troyanos, si, en lugar de la griega hermosa Helena, París te viera, causa de su muerte.