El amor de los amores

1850

¿Cómo te llamaré para que entiendasque me dirijo a ti ¡dulce amor mío!cuando lleguen al mundo las ofrendasque desde oculta soledad te envío?...A ti, sin nombre para mí en la tierra¿cómo te llamaré con aquel nombre,tan claro, que no pueda ningún hombreconfundirlo, al cruzar por esta sierra?¿Cómo sabrás que enamorada vivosiempre de ti, que me lamento soladel Gévora que pasa fugitivomirando relucir ola tras ola?Aquí estoy aguardando en una peñaa que venga el que adora el alma mía;¿por qué no ha de venir, si es tan risueñala gruta que formé por si venía?¿Qué tristeza ha de haber donde hay zarzalestodos en flor, y acacias olorosas,y cayendo en el agua blancas rosas,y entre la espuma lirios virginales?Y ¿por qué de mi vista has de esconderte;por qué no has de venir si yo te llamo?¡Porque quiero mirarte, quiero vertey tengo que decirte que te amo!¿Quién nos ha de mirar por estas vegascomo vengas al pie de las encinas,si no hay más que palomas campesinasque están también con sus amores ciegas?Pero si quieres esperar la luna,escondida estaré entre la zarza-rosa,y si vienes con planta cautelosano nos podrá sentir paloma alguna.Y no temas si alguna se despierta,que si te logro ver, de gozo muero,y aunque después lo cante al mundo entero,¿qué han de decir los vivos de una muerta?

Como lirio del sol descoloridoya de tanto llorar tengo el semblante,y cuando venga mi gallardo amante,se pondrá al contemplarlo entristecido.Siempre en pos de mi amor voy por la tierray creyendo encontrarle en las alturas,con el naciente sol trepo a la sierra;con la noche desciendo a las llanuras,Y hallo al hambriento lobo en mi caminoy al toro que me mira que me espera;en vano grita el pobre campesino«No cruces por la noche la ribera. »En la sierra de rocas erizada,del valle entre los árboles y flores,en la ribera sola y apartadahe esperado el amor de mis amores.A cada instante lavo mis mejillasdel claro manantial en la corriente,y le vuelvo a esperar más impacientecruzando con afán las dos orillas.A la gruta te llaman mis amores;mira que ya se va la primaveray se marchitan las lozanas floresque traje para ti de la ribera.Si estás entre las zarzas escondidoy por verme llorar no me respondes,ya sabes que he llorado y he gemido,y yo no sé, mi amor, por qué te escondes.Tú pensarás, tal vez, desdeñosapor no enlazar mi mano con tu manohuiré, si te me acercas, por el llanoy a los pastores llamaré medrosa.Pero te engañas, porque yo te quierocon delirio tan ciego y tan ardiente,que un beso te iba a dar sobre la frentecuando me dieras el adiós postrero.

Dejaba apenas la inocente cunacuando una hermosa noche en la praderalos juegos suspendí por ver la lunay en sus rayos te vi, la vez primera.Otra tarde después, cruzando el monte,vi venir la tormenta de repente,y por segunda vez, más vivamentealumbró tu mirada el horizonte.Quise luego embarcarme por el río,y hallé que el son del agua que gemíacomo la luz, mi corazón heríay dejaba temblando el pecho mío.Me acordé de la luna y la centellay entonces conocí que eran igualeslo que sentí escuchando a los raudales,lo que sentí mirando a la luz bella.Vago, sin forma, sin color, sin nombre,espíritu de luz y agua formado,tú de mi corazón eras amadosin recordar en tu figura al hombre.Ángel eres, tal vez, a quien no veoni lograré, jamás, ver en la tierra,pero sin verte en tu existencia creo,y en adorarte mi placer se encierra.Por eso entre los vientos bramadoressalgo a cantar por el desierto valle,pues aunque en el desierto no te halle,ya sé que escuchas mi canción de amoresY ¿quién sabe si al fin tu luz errantedesciende con el rayo de la luna,y tan sola otra vez, tan sola una,volveré a contemplar tu faz amante?Mas, si no te he de ver, la selva dejo,abandono por siempre estos lugares,y peregrina voy hasta los mares.A ver si te retratas en su espejo.

He venido a escuchar los amadorespor ver si entre sus ecos logro oírte,porque te quiero hablar para decirteque eres siempre el amor de mis amores.Tu ya sabes, mi bien, que yo te adorodesde que tienen vida mis entrañas,y vertiendo por ti mares de llorome cansé de esperarte en las montañas.La gruta que formé para el estíola arrebató la ráfaga de octubre...¿qué he de hacer allí sola al pie del ríoque todo el valle con sus aguas cubre?Y ¡oh Dios! quién sabe si de ti me alejoconforme el valle solitario huyo,si no suena jamás un eco tuyoni brilla de tus ojos un reflejo.Por la tierra ¡ay de mí! desconocida,como el Gévora, acaso, arrebatadadejo mi bosque y a la mar airadaa impulso de este amor corro atrevida.Mas si te encuentro a orilla de los marescesaron para siempre mis temoresporque puedo decirte en mis cantaresque tú eres el amor de mis amores.

Aquí tu barca está sobre la arena:desierta miro la extensión marina:te llamo sin censar con tu bocinay no pareces a calmar mi pena.Aquí estoy en la barca triste y solaaguardando a mi amado noche y día;llega a mis pies la espuma de la ola,y huye otra vez, cual la esperanza mía.¡Blanca y ligera espuma transparente,ilusión, esperanza, desvarío,como hielas mis pies con tu rocíoel desencanto hiela nuestra mente!Tampoco es el mar a donde él mora,ni en la tierra ni el mar mi amor existe

¡Ay! dime si en la tierra te escondisteo si dentro del mar estás ahora.Porque es mucho dolor que siempre ignoresque yo te quiero ver, que yo te llamosólo para decirte que te amo,¡que eres siempre el amor de mis amores!

Pero te llamo yo, ¡dulce amor mío!como si fueras tú mortal viviente,cuando sólo eres luz, eres ambiente,eres aroma, eres vapor del río.Eres la sombra de la nube errante,eres el son del árbol que se mueve,y aunque a adorarte el corazón se atreve,tú solo en la ilusión eres mi amante.Hoy me engañas también como otras veces;tú eres la imagen que el delirio crea,fantasma del vapor que me rodeaque con el fuego de mi aliento creces.Mi amor, el tierno amor por el que lloroeres tan sólo tú ¡señor Dios mío!Si te busco y te llamo, es desvaríode lo mucho que sufro y que te adoro.Yo nunca te veré, porque no tienesser humano, ni forma, ni presencia:yo siempre te amaré, porque en esenciaa el alma mía como amante vienes.Nunca en tu frente sellará mi bocael beso que al ambiente le regalo;siempre el suspiro que a tu amor exhalovendrá a quebrarse en la insensible roca.Pero cansada de penar la vida,cuando se apague el fuego del sentido,por el amor tan puro que he tenidotú me darás la gloria prometida.Y entonces al ceñir la eterna palma,que ciñen tus esposas en el cielo,el beso celestial, que darte anhelo,llena de gloria te dará mi alma.

De la obra poética de Carolina Coronado, a partir de la transcripción de Wikisource en español.

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